viernes, 22 de junio de 2012

Hermanos de corazon cap III: Meness y su pasado

La  casa a lo lejos de la aldea era la mas señalada por los habitantes del pueblo, mientras en las casitas de la aldea el sol comenzaba a acariciarlas con los primeros rayos de sol, la noche aun no dejaba de abrazar a esa casa a lo lejos de la aldea; aquel momento era perfecto, asi que la puerta trasera de aquella casita se cerro, a pesar de que los zapatos de aquella persona estaban bastante desgastados, no impedian en lo  tan silenciosamenteabsoluto que pudiera correr con facilidad.


Pero con esos primeros rayos de sol, varios hombres montaron a caballo guiados por una mujer, aquella mujer habia engañado a los habitantes de aquella aldea para que estuvieran tambien a favor de atacar aquella humilde choza.


-" lo siento, compondré lo que esta mal"- Aquellos eran los ultimos pensamientos que tenia para proteger a su familia.... o mejor dicho lo que aun quedaba de ella, sin embargo, a una gran distancia no pudo evitar mirar hacia atras, esa, estaba segura, seria la ultima vez que veria el resplandecer de su hogar, sus ojos dejaron escapar dos lagrimas que rapidamente limpio para asi volver a correr hacia el poniente, donde la noche aun abrazaba el bosque.


-"Volveras, mi amada princesa, mi adorada hija... por favor, cuidate"- susurro, aquella madre preocupada, pero mas que eso, llena de dolor, cerro los ojos y aferrandose a la almohada, dejó escapar mas de dos lágrimas, con la efímera esperanza de volver a ver, a su pequeña hija.


Los caballos estaban cerca de la casa, cuando el pequeño niño se asomo a la ventana, se veian realmente cerca, pero él sabía que tardarian por lo menos otros 30 minutos mas en llegar, se bajo de la silla, y camino al cuarto de su madre, quien aun seguia en la cama, sin fuerzas ni siquiera para sonreir para el hijo que le quedaba, y hasta ese momento su unico familiar.
- Mamá, ya vienen, limpia tus lágrimas, hagamos lo que Tsukiyo pide- expresó el pequeño
-Kaminari,...
-Mamá...- interrumpió kaminari abrazando a su madre por encima de las cobijas - Papá, nos amaba, tambien me duele perderlo, pero si no nos mostramos fuertes, por lo menos unos momentos, haran lo mismo con tsukiyo, mi hermana tiene que volver, mi hermanita, regresara por nosotros.... ella... regresara....- Kaminari, apesar de haber pedido fortaleza, tambien lloró.


Un rayo de sol iluminó la ventana del cuarto y las lagrimas en el rostro de la madre fueron limpiadas.
-Hijo, vayamos, por el bien de Tsukiyo - dijo con una sonrisa, kaminari se separó de ella y asintio con la cabeza mientras se limpiaba las lagrimas.


Abran ! es una orden - grito un guardia enseguida se escucho la voz de una mujer
-! Sal de ahi tsukiyo!, Nuestro padre quiere verte!-


La puerta se abrió con la misma delicadeza de siempre
-Armaide, hija de Lauret, hemos venido como lo prometimos, la aldea no se opondrá, tu hija es un peligro, mejor para ustedes será entregarla, si es que no quieres perder algo mas que tus dos esposos- expresó de forma cruel y determinante el teniente de la aldea
Armaidde, madre de tsukiyo y kaminari, agacho la cabeza, kaminari se asomo y cruzo la mirada con una mujer muy bella, pero con vestimentas de toda una guerrera, a simple vista se veia, muy agradable, pero sus ojos, eran los que delataban su maldad, ella era Afrodith, la mago mas temida y mas respetada hasta el momento, la causante de la muerte del padre de Kaminari
- No hay nadie mas, aparte de nosotros en casa, vallanse-  dijo determinada mente Kaminari
- La noche aun abraza a esta casa- contestó Afrodith mirando fijamente a kaminari - y la Luna aun se ve a lo lejos, pero no por eso, ustedes estan siendo bendecidos con su poder, el sol no tardara en tocar esta puerta, y su proteccion terminara, será mejor que nos entregen  a la chica, o veran de cerca a tu padre- agregó


-Entonces, por que no lo haces de una buena vez, ¿acaso tu propio poder te limita en este momento? - pregunto Armaide mirando a los gerreros.
-¡ Armaide por favor!, sabes que la aldea te quiere demasiado, esto nos duele mas a nosotros, nunca hemos tenido problemas con tu familia, pero tu hija, va mas allá de los poderes normales que la propia naturaleza nos da, sin la decimaquinta luna, desastres se desatarán, entreganos a tu hija, por el bien tuyo y de pequeño kaminari- Suplicó el teniente
- Rendal - contestó pacienteme Armaide - fueron tus hombres los que asecinaron al padre de Tsukiyo, y ahora, esa mujer, enviada por el consejo elemental, se atreve a repetir la historia, asecinando a Rioha,  tu propio hermano, puedes tomar la vida tu cuñada y tu sobrino, quemar la casa, incluso puedes ignorar el amor que les tenia Rioha y sus ultimas palabras al morir, en brazos de la joven, a la que quizo como su hija, pero mi pequeña hija, se hará mas fuerte, y enfrentará destino, no como el mounstro que ustedes proclaman que es, si no como la elegida por la decimaquinta luna.- agregó con gran firmeza, y luego en honor la memoria de su fallecido esposo recito su frase favorita, aquella en la que siempre habia creido, aquella que era tan solo una parabola, esa que se convirtio en verdad, esa frase que le decia a Tsukiyo cuando la hacian llorar, y esa que pronuncion antes de morir - "Que en el cielo este el sol, para alegrarnos el dia, y la luna en la tierra, acompañandonos en la busqueda de nuestros sueños"-


-Comprendo que esas son tus ultimas palabras Armaide, quisiera decir que me has decepcionado pero lejos de eso me recuerdas por que fuiste la mejor guerrera de nuestra generación, pero sabes que el castigo por oponerse es la muerte -  contestó Rendal, sacando la espada y dispuesto a atacar, en ese momento un el sol toco ilumino el hogar, kaminari saco la varita de su padre y cerrando los ojos la agito hacia el atacante de su madre, la varita deslumbró no solo a Rendal, si no tambien a todos los que estaban ahí, quienes retrocedieron
-!¿Rioha?¡- Exclamó Rendal, con cierto miedo.
el destello paro, Afrodith miró fijamente a Kaminari, -asi que has heredado los dones de tu padre-
- Mi señora, por favor, es muy joven para tener el castigo de muer....-
-Silencio! teniente Rendal, - interrumpio Afrodith, sin dejar de mirar a los ojos de kaminari - no tengo intenciones de castigar a ninguno de los dos, despues de todo, su castigo sera vivir, con el dolor de haber perdido a sus seres queridos-  concluyó.

El ultimo destello de la luna, brillo con una gran intencidad que atrajo la atencion de Afrodith,
- !Hacia el poniente¡ si nos damos prisa podremos atraparla antes de que entre en el bosque- ordeno Afrodith y mirando a kaminari dijo - al final, no pudieron ocultarla- Afrodith grito al caballo y acompañada de aquel ejercito fueron al encuentro de Tsukiyo-

-"La luna en la tierra, me acompañara para encontrar mi sueños.... Padre, cumpliré  mis sueños... Mamá, por favor se fuerte,... hermanito... hermanito, lo siento, cuida bien de Mamá"- Apesar de que sus pensamientos le gritaban volver, Tsukiyo estaba decidida a no hacerlo, y sin importar cuanto intentara hacer un plan para volverse fuerte, si unica respuesta era esconderse en el bosque, pues sus pensamientos la traicionaban constantemente recordando los buenos momentos con su Padre y su Padrastro.

El viento se puso en su contra, y sintio como golpeaba su cara, Tsukiyo no queria voltear, pero aquel viento aunmento asi que miro una vez mas la direccion donde estaba su hogar, sí, en ese preciso momento, un pequeño destello a lo lejos se dejo ver, no importo demasiado que casi no se haya visto, importo precisamente eso, que fuera en su hogar, que apesar de sus intentos por protegerlos, los elementales lanzaran el ataque a dos personas indefensas sin ninguna opcion para defenderse. El dolor como era de esperarse desgarro lo mas profundo de Tsukiyo, quien no podia creer lo que habia visto, cerró los ojos para intentar comunicarse o por lo menos sentir la fuerza vital de su madre y su hermano, pero fue totalmente inútil, Tsukiyo sin fuerza alguna para seguir corriendo, cayó de rodillas, preguntandose una y otra vez en que habia fallado, cuestionando aun más su existencia, y las acciones de aquellos elementales.
El viento siguio acariciando el cuerpo de Tsukiyo, y el sonido de las hojas de los arboles comenzaron a sonar, apesar de que la luz del sol estaba cerca la decima cuarta luna aun brillaba en esa parte, justo a unos metros del bosque. " corre"... se escucho entre el sonido del viento, y las hojas de los arboles "corre"... "levantate"..."en el bosque encontraras refugio".

-¡No puedo!, ya no tengo nada, los esperare aqui- contestó Tsukiyo con lagrimas en los ojos
"pelea, en el bosque, ellos te ayudaran"... " Tu elemento esta ahi"..."nuestra fuerza esta contigo"
-¿como se supone que lo haga?, en tan solo unos segundos el amanecer sera completado, y no se pelear, por eso mi padre esta muerto, si tan solo la decimaquinta luna despertará-
"No niegues lo que eres"... "Perdiste todo"... "Solo te queda confiar en nosotras"...
-¿por que?... ¿Por que?...
" Se parte de nosotras... hermana"
-Yo... - Tsukiyo levantó la cara, sus lagrimas no cesaban, miró en direccion a la decimacuarta luna - ¡YO SOY LA DECIMA QUINTA LUNA!...- gritó con todas las fuerzas que le quedaban,  un rayo de luz de luna, conectó en ese momento a aquellas dos hermanas, pero más que un lazo familiar, fue la ruptura de un sello, para que Tsukiyo utilizara plenamente sus poderes - "yo soy la decima quinta luna, Padre... Rioha, voy a protegerlos a todos, devolveré la paz, ese es mi sueño"



Aquel destello fue el que atrajo la atencion de Afrodith,
- !Hacia el poniente¡ si nos damos prisa podremos atraparla antes de que entre en el bosque- ordeno Afrodith y mirando a kaminari dijo - al final, no pudieron ocultarla- Afrodith grito al caballo y acompañada de aquel ejercito fueron al encuentro de Tsukiyo, con la total seguridad que por fin podrían obtener la reliquia del El Gran Señor Mago.

 HERMANOS DEL CORAZÓN CAP. IV : EL PODER DE LA HERMANDAD

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